La angustia se asume
Sobre El Extranjero, de Camus, libro del club de lectura de junio de 2026, y las posteriores conversaciones que tuvimos sobre el caso Meursault
Es martes a la noche y todavía nos queda un largo trecho para que llegue el fin de semana y sus divertimentos asociados. Son las ocho de la noche, estás soltero y no tenés hijos. Ya terminaste de trabajar y tu cena está en el horno, todavía cocinándose. Se expande ante vos el interminable fantasma de la noche, los pensamientos intrusivos empiezan a asomarse en tu cabeza, y te agarran las ganas repentinas de hacer algo, cualquier cosa: Netflix, puchito, una cerveza bien fría. Cualquier cosa antes de ponerte de frente y mirar el abismo directo a los ojos.
¿Qué hacemos con la angustia existencial, esa que se nos aparece de la nada entre Excels laborales y planes de fin de semana? Según la psicóloga de mi novio, la angustia se asume.
Sartre considera que uno solo define quién es a través de la acción. Nada te puede hacer escapar de la angustia de decidir quién sos y qué hacés con tu vida, pero a través de la acción uno puede asumir la angustia existencial y seguir.
Ok, querida, bárbaro. ¿Cómo hago esto?
Hablemos de Camus. Ante el absurdo de la vida, él habla de tres salidas: el suicidio físico, el suicidio filosófico (abrazar la religión, la trascendencia, la esperanza, Dios; acá es donde Camus lo critica a Kierkegaard) y la rebelión, que significaría convivir con el absurdo sin resolverlo ni escaparlo. Él dice: imaginemos feliz a Sísifo, que debe cargar esa bendita piedra por la montaña día tras día.
Hacia eso va un poco la conclusión de El Extranjero, libro que me gustó a los 16 años, cuando pensaba que ser edgy-intelectual estaba bueno, y que detesto ahora, a los 31, cuando cargo con un cuerpo más cansado y una mente sin paciencia. Después de la tensa conversación con el capellán, parecería que Meursault abraza el absurdo de su vida y de sus ridículas acciones. Si antes parecía un animalito de Dios que meramente respondía a los estímulos físicos, para el final se reconoce dueño de su vida (y de su inminente muerte) y abraza su destino: "que en la horca griten con odio", o algo así (no lo estoy citando perfecto, pero la idea se entiende).
Ahora bien, todo este planteo filosófico se podía pensar de una cierta manera en 1942, cuando se publicó el libro. Pero en 2026, tenemos que encuadrarlo dentro de nuestra realidad, que es un poco distinta. La angustia existencial sigue existiendo como antes, y la fuga hacia el suicidio físico tiene las mismas características. Pero, en el mundo que hoy vivimos, ¿qué nuevas formas de suicidarse filosóficamente existen? ¿Cómo podríamos encarar una rebelión útil para nosotros en esta nueva era digital?
Empecemos por la primera. Aunque obviamente el vuelco hacia la religión/trascendencia/esperanza/Dios sigue disponible como acción, no puedo dejar de pensar en la cultura de la optimización que parece que encontramos por todos lados. "Sé tu mejor versión" es un suicidio filosófico en clave Silicon Valley: en vez de saltar a Dios, saltás al proyecto infinito de automejora. Es la misma huida: metés esperanza falsa en algo que hoy no podés tocar (la "mejor versión" que llega mañana) para no mirar el abismo hoy, solo que disfrazada de autorrealización en lugar de fe. De este modo, la auto-optimización opera casi como una nueva religión.
El tema es que esto de la mejor versión personal se rompe solo si lo pensamos mucho, me parece a mí. ¿Cómo podemos garantizar que somos capaces de llegar a nuestra mejor versión? Si visualizamos todas las decisiones que tomamos en la vida como uno de esos árboles con ramas que se van dividiendo y subdividiendo (por ejemplo, levantarnos temprano o dormir hasta las 11, mirar reels hasta las 2 de la mañana o practicar buena higiene del sueño, comer verduras o helado, etc.), es imposible optimizarlas todas, día a día, para llegar a una supuesta versión superior. Además, pensarnos así nos hace menos interesantes. La experiencia humana no es un software que se optimiza constantemente; somos seres que nos construimos en la imperfección, el accidente, la interacción con otros y la experimentación.
En ese sentido, abrazar la experimentación y una suerte de filosofía YOLO (you only live once) me interesa como mecanismo para asumir el absurdo y practicar la rebeldía en clave siglo XXI. ¿Qué es el YOLO? Me lo imagino como una suerte de juego, un experimento, un acercamiento a la vida donde, sin negar el sinsentido, uno practica el ser. Aunque esto se debería explorar en otro ensayo más largo, considero que la práctica artística podría ser una manera muy honesta de asumir la angustia y practicar el YOLO, porque el arte es, en su esencia, experimentación y creación de algún tipo de sentido general.
Habiendo dicho esto, hay que encontrarle los límites al YOLO. Volvamos a Meursault. ¿No podríamos decir que lo que él hace es YOLO? Nada tiene sentido, solo se vive una vez, vamos a hacer lo que queremos (como matar a alguien) y llevar la lógica del absurdo al extremo sin ningún tipo de marco ético. ¿Acaso eso no es YOLO?
Encuentro esa interpretación bastante adolescente. Sí, las reglas de convivencia son inventadas, todo es subjetivo, nada tiene sentido, ok. Pero de ahí no se sigue que matar a un tipo porque pega el sol sea una jugada que se sostenga. Como dicen en Lost, if we can't live together, we are going to die alone. Estamos todos metidos en el mismo barco que se hunde. Meursault le arruina la vida a una familia, se arruina la suya y termina en la horca. De base, ya todos cargamos con una angustia existencial. Intentemos, al menos, no generarnos más, ¿no? Si solo vivimos una vez, intentemos disfrutar lo que se pueda. Llevar a cabo acciones que dificulten esto para uno y para otros (que también tienen el derecho de disfrutar cuando pueden) cuando uno puede estar haciendo otras cosas (como arte!) se siente como un desperdicio, un tiro en el pie.